En la playa y mirando el hijo..

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Preparé como de costumbre lo necesario para pasar una buena jornada de playa. En el portal del edificio que vivíamos coincidimos en encontrarnos ese día con Susana una suculenta mujer de 8 años con su hijo adolescente, equipados también con aperos playeros. Tuve suerte consiguiendo un lugar con sombra, y más aún hallando un lugar espacioso libre en la arena de la abarrotada playa.

Apenas había tenido tiempo de instalarme cómodamente y darme mi primer chapuzón cuando de regreso a mi sombrilla veo que Susana y su hijo que apenas hacía una hora había saludado estaban poniendo sus esterillas junto a la mía. En cierta forma no era casual pues era como dije antes el único sitio vacío que quedaba a esas horas. Fingimos con Susana y me ofrecí galantemente para montar su sombrilla. Rápidamente el chico se fue al agua, quedando yo conversando con Susana. Yo había notado que el hijo de Susi era un poco introvertido, incluso a veces tenía la sensación de que me observaba mientras tomaba el sol. “Mi hijo me tiene realmente preocupada Hugo” me confesó Susana, aprovechando que Luisito se hallaba en el agua.
-“¿Por qué decís eso, Su? “Le pregunté. Entonces me confesó que llevaba tiempo observando a su hijo comportarse extraño, y que tenía la terrible sospecha de que Luisito podía sentirse atraído por los hombres. Por supuesto que mi primera intención era la de haberle dicho que no se preocupará por ello que la sexualidad de Luisito podía ser igualmente satisfactoria siendo gay o siendo hetero, que formaba parte de su libertad. Pero como ya tenía calada la manera de pensar de Susana respecto a su hijo me contuve y me limité a consolarla diciendo que no lo sabía seguro, que quizás se equivocaba. Además mi sexto sentido me decía que siendo astuto podría conseguir algo de la preocupación de Susanita. Me basto un chapuzón a solas para tramar mi plan. Me volví a sentar a su lado y comencé a trazar mi red.


-“¿ Sabes, Susana? creo que antes de tomar alguna medida, necesitarías cerciorarte sobre si realmente esas son las inclinaciones de tu hijo “ - le comenté. Ella estuvo completamente de acuerdo con esta apreciación mía, pero se lamentaba de que no se le ocurría ninguna forma de averiguarlo.
- “A mi sí” - le dije. Ella me miró expectante. Le comenté que era un plan algo descabellado que se me había ocurrido, que mejor lo olvidase. Tras mucho insistirme le hice ver que lo mejor era observar la reacción de Luisito al ponerlo en contacto con la belleza de una mujer. Si la naturaleza cumplía su función debería excitarse. Tan sólo necesitábamos una voluntaria que intentase provocar los instintos del chico.
- “Y, ¿cómo vamos a encontrar a una chica que se preste a nuestro plan?, eso es casi imposible”- se lamentaba. “No si la voluntaria sos vos misma. Tan sólo tienes que mostrarte un poco más sexy de lo normal. Enseguida veremos la reacción de tu hijo”.

Después de muchos razonamientos conseguí convencer a Susana para ir a comprar esa misma tarde un bikini algo más sugerente para ella. Que no sintiese vergüenza pues al día siguiente buscaríamos una playa alejada de curiosos para llevar a cabo nuestro experimento. Sólo estaría ella y su hijo, y por supuesto yo también pero simplemente como un amigo dispuesto a ayudarla con sus preocupaciones. Tal como habíamos quedado a la tarde la llevé a un shoping a comprar su bikini. Le gustó un conjunto bastante clásico, pero enseguida le hice ver que era necesario elegir algo bastante más insinuante, que por el bien de su hijo dejara por una vez de lado su recato. Tras muchas pruebas elegimos un bikini amarillo con poquita tela. Aunque lo cierto es que en la tienda los había mucho más subiditos de tono. Pero no quise forzarla más por miedo a que se echase para atrás. Me daba por contento con haberla podido ver en el mostrador luciendo su cuerpo como realmente era sensual y provocativo, además aún le guardaba otra jugada que ella ignoraba. Pues justo después de dejarla en su casa, regresé a la tienda y cambié el modelo por el mismo pero con dos talles menos. Ahora sí que le quedaría como el más atrevido de todos y ella no sospecharía de mi celada. A la mañana siguiente le dijimos a Luisito, ya en el coche, que pensábamos ir un poco más lejos para probar aguas más limpias lejos de la ciudad. Llegamos a una playa preciosa y solitaria. El jovencito y yo llevábamos ya puestas nuestros bermudas, así que saqué la bolsa con su bikini del maletero y le dije a Susana que podía cambiarse en el auto mientras nosotros íbamos instalándonos en la orilla. Como a los 15 minutos llegó Susana con una camiseta holgada y una toalla alrededor de su cintura.
-“la verdad no sé como pudimos elegir este bikini ayer me queda realmente pequeño”, yo puse cara de circunstancias y le dije que no empezase de nuevo, que era la oportunidad de apartar las dudas que la embargaban, y que se quitase la camisa y la toalla.


-“ Pero es que me da muchísima vergüenza“ - se excusaba.
-“Si ya te vi ayer con él puesto “.
-"No es por vos es por mi hijo".


Éste era un argumento que traía preparado. Dado que pensó que era cierto y además que no disponía de otra cosa para ponerse, termino quitándose la camiseta.

¡Dios mío ¡aquellos pequeños triangulitos de tela apenas le tapaban los pezones, y aún así parte de sus aureolas quedaban al descubierto cuando se movía.

-“Vamos, Su, ahora la toalla, no seas tan tímida delante de tu hijo. Aquella parte sin ser una tanga acababa forzosamente metiéndosele entre sus nalgas, haciendo el mismo efecto. Mientras que por delante su enorme concha quedaba expuesta a la vista. Yo fingí una naturalidad e indiferencia falsa, pues lo cierto es que había conseguido una erección espantosa que a duras penas lograba disimular con mis amplias bermudas. Le hice notar la debilidad de la piel expuesta por primera vez al sol, para lo que me apresure a prestarle mi crema protectora de alta graduación. Tras aplicársela ella misma por delante le advertí que su espalda también lo necesitaba. Se puso bocabajo y allí empezó mi toqueteo de aquel cuerpo tan hermoso y que tan bien conocía. Conforme iba masajeando su cuerpo pude notar la incomodidad de Susana y cuando le tocó el turno a sus nalgas se puso completamente colorada. Luisito salió del agua y vino por antiparras de buceo. Apenas prestó atención a su mamá (creo que el chico era en realidad gay, pues aquella prueba no la hubiese superado nadie con ganas de cogerse una mujer).
-“¿Te das cuenta Hugo? Ni siquiera se ha fijado, y lo cierto es que estoy vestida como una auténtica puta!” Yo le dije que quizás necesitase un poco más de estímulo y como el chico estaba cerca de nosotros y podía verla perfectamente, que lo mejor era que me permitiese darle más crema de una forma insinuante. Se volvió a poner de espaldas y esta vez me centré sin reparos en su hermoso orto. Mientras Susi miraba de soslayo hacía su hijo para ver si reaccionaba ante el manoseo que yo le hacia. Animado pues parecía que Susana por fin se había tomado en serio su papel le pedí que moviese un poco el culo al ritmo de mi masaje. Así lo hizo, ofreciéndome no sólo la visión de bellísimo culo sino también su suave tacto. Aparte con una mano la tirilla que cubría su ojete y lo comencé a untar con crema, siguiendo un recorrido hasta su conchita que sorprendentemente hallé mojada.
-“Vaya, Susanita, parece que ya estas en lo tuyo amor” -le dije. Ella no respondió se limito a seguir contoneándose, para entonces había introducido un dedo en su orto. Ella protestó pero se callo cuando le indiqué que mirase con disimulo hacia la playa pues Luisito por fin nos observaba excitado por el espectáculo que dábamos.
-“Creo que es hora de que le demos una lección practica de sexo, ¿no estas de acuerdo conmigo Susi?” Antes de darle tiempo a reaccionar ya me había quitado mi bermuda y apunte mi pija hacia su concha. La penetre desde atrás, pues seguía bocabajo. No me costó metérsela de un solo toque, pues se había mojado toda con mis toqueteadas. La agarré fuerte de las muñecas y comencé un mete y saca violento hasta que Susana empezó a gemir, a balbucear. Tras notar su primer orgasmo saqué mi poronga y la encañone esta vez hacia ese culo que me obsesionaba.
-“No por favor, por el culo aqui no”. Conseguí introducir laboriosamente la cabeza, provocando quejidos de Su. Me deje caer y con mi propio peso la verga se hundió imparable hasta tocar con los huevos en la concha. Susana dio un grito que debió escucharse en las playas vecinas. A los pocos minutos mi pija entraba y salía de aquel agujero como el pistón de un motor engrasado. Susana comenzó a gemir de nuevo.
- “¿Seguís queriendo que saque mi chota de tu culo, Susi?”
-“No, por favor no pares ahora, es realmente delicioso como la siento”.
-“Esta bien, puta, seguiré dándote por el culo sólo si te pones a cuatro patas como a vos te gusta que te coja y me pedís que te rompa el culo” -le dije a la vez que se la sacaba de tan delicioso lugar y la dejaba afuera. Susana con la cara desencajada por el placer se limito a ponerse a cuatro patas.


“ Por favor, rómpeme el culo, te lo ruego”. Paremos un momento querido lector para contemplar esta situación absolutamente real que me paso: Una señora muy puta de 38 años, a cuatro patas en la arena de una playa suplicándome que se la diera por el culo, mientras su hijo nos contemplaba atónito a apenas 20 metros de nosotros. Y todo esto lo había conseguido con un poco de astucia y decisión. Paremos en esta bella postal que conservo en mi memoria pues para mí la existencia no son más que estos momentos cumbres de morbo que decoran nuestra monótona vida de cuando en cuando…
-“Prepárate, putita” - le dije mientras le daba unas palmadas fuertes en el culo antes de volver a penetrarla de un golpe. Continuamos la enculada salvajemente hasta que notando que le iba a acabar otra vez la tomé por el pelo y la obligué a tragarse toda mi leche. En el camino de regreso tras un silencio de plomo Susana le pregunto a su hijo.
-“¿Te gustó lo que viste, Luisito?” “…Sí….mucho ma.”.

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