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Relato
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Hoy quiero contaros como Susana se convirtió en mi esclava. Nos conocíamos de haber coincidido en alguna fiesta, pues teníamos amigos comunes. Ese día unos amigos celebraban la inauguración de su nueva casa y nos habían invitado. El mismo día yo regresaba de un viaje y como estaba cansado fui a la fiesta en taxi. Había mucha gente, el ambiente era bastante agradable, luego de haber visto la casa, y de haber cenado, la gente empezó a bailar, dado que ni ella ni yo habíamos ido acompañados, mi amigo nos presentó, empezamos a hablar y a bailar, al cabo de un rato, dado que hacía calor, salimos al jardín a fumar un cigarrillo, allí seguimos charlando, ella se me insinúo, pero dado el cansancio y que a mi no me interesaba por el momento el tener una relación, aunque fuera de una noche, no llegamos a nada. A la hora de irnos, escuchó que iba a llamar a un taxi y se ofreció a llevarme a casa en su coche. Acepté encantado pues era una mujer muy simpática y divertida, al llegar a casa le ofrecí una última copa y aceptó encantada.
Entramos le serví un malta y nos pusimos a hablar. Como era una mujer muy directa, me preguntó sin rodeos él por que la había rechazado, le comenté que estaba cansado y que las relaciones de una sola noche no me interesaban. Que lo que me gustaba eran las relaciones de sado maso, pero que era difícil encontrar una mujer que disfrutara con la sumisión, ella se interesó por el tema, y me hizo mil y una preguntas, sobre como funcionaba la relación amo esclava, como debía comportarse una buena esclava y que era lo que yo esperaba de una esclava. Hablando se nos hizo muy tarde, y dado a que habíamos bebido bastante le ofrecí el quedarse a dormir e casa. Aceptó encantada, le enseñé su habitación y el baño y le desee buenas noches. Me miró extrañada y en voz alta comento: “Así que es cierto que no quieres una relación de una sola noche” y sonrío cerrando la puerta de su habitación. A la mañana siguiente me desperté antes que ella y preparé el desayuno, luego lo llevé al jardín y me metí en la piscina para nadar un rato. Al poco rato apareció ella, llevaba un albornoz y tenía el pelo mojado. Le pregunté como había dormido y me contestó sonriendo que no muy bien pues se había quedado con ganas de sexo. Me reí y le contesté que una de las obligaciones de una esclava era el gozar solo cuando su amo se lo permitía, y ella respondió que aún no era mi esclava, pero que no la había dejado gozar. Me preguntó si el agua estaba bien, y le contesté que si, se quitó el albornoz y apareció completamente desnuda ante mí, tenía un cuerpo magnífico, se zambulló en la piscina y empezó a nadar. Al cabo de un rato salimos del agua y desayunamos, ella permaneció desnuda y pude observar su cuerpo, sin marcas de bañador.
Tenía unos pechos muy bien proporcionados, con una aureola marrón rodeando sus pezones, los cuales estaban erectos debido al frío del agua. El pubis lo llevaba arreglado, pero con una ligera, mata de vello, a mí me gustan rasurados. Piernas largas y delgadas, un buen culo y nada de grasa. Las uñas de los pies y manos estaban arregladas y pintadas de rojo. Le comenté que si quería un bañador, seguramente en su habitación habría alguno. Me miró pícaramente y me preguntó si me incomodaba su desnudez, le contesté que no, pero que la chica de servicio estaba en casa haciendo la limpieza, y que podía sentirse incómoda por ella. Me contestó que le gustaba tomar el sol desnuda, pues odiaba las marcas del bañador o bikini. Terminamos de desayunar y le comenté que debía ir a la oficina pues tenía que ver lo que había sucedido en mi ausencia y redactar unos informes. Nos dimos nuestros teléfonos y quedamos en llamarnos. Pasaron unos días sin tener noticia de ella. Al cabo de un mes me llamó y me dijo que necesitaba hablarme que si podíamos quedar para vernos. Le dije que ese mismo día salía de viaje, pero que si quería podíamos vernos antes de marcharme y quedar para comer. Me dijo que no podía pues tenía una comida de trabajo, nos despedimos hasta mi regreso. El día antes de regresar sonó mi celular y era ella, me comentó que había llamado a mi oficina y le habían dicho que regresaba al día siguiente, que era viernes y que había pensado que podía recogerme en el aeropuerto e ir a cenar y así podíamos charlar. Le dije que de acuerdo y le di él numero de vuelo y la hora en que regresaba. Al salir pude verla esperándome, llevaba un vestido corto, se había cortado el pelo y calzaba unas sandalias de tacón alto. Se acercó a mí sonriendo y me dio un casto beso. “Bienvenido” me dijo, tomándome del brazo. “He pensado que ya que tú me ofreciste tu hospitalidad hoy cenemos en mi casa” Le dije que de acuerdo y nos dirigimos a su coche. En el coche le pregunté que de que quería hablarme, y me contestó que en el coche no era el lugar más adecuado, que cuando llegáramos a su casa hablaríamos más tranquilamente.
Al llegar metió el coche en el garaje y nos dirigimos al ascensor, era un bloque de pisos con jardín y piscina comunitarios, entramos en su apartamento tenía dos habitaciones un baño, salón comedor y cocina. Tomándome de la mano me lo enseñó y luego nos sentamos en el salón. Me sirvió una copa y se puso muy seria. Me dijo que había estando dándole vueltas a la idea de convertirse en mi esclava y que si la aceptaba quería ser mi eslava. La miré sorprendido y le pregunté si estaba segura, le recordé sus obligaciones como esclava. (Que nunca debía mentirme, que habría un período de prueba, que debería dirigirse a mí como amo, señor o maestro, que no podría obtener placer sin mi permiso, que si su comportamiento no me satisfacía podía ser castigada, aunque la podía castigar siempre que me apeteciera, que debería vestir como yo le indicase, que no podía hablar sin autorización, que en mi presencia debería permanecer desnuda a no ser que se le ordenara lo contrario, que debería cumplir todas y cada una de mis órdenes, etc.) Al escuchar que debería permanecer desnuda en mi presencia se levantó y se quitó el vestido quedando solo con la ropa interior, la cual procedió a quitarse inmediatamente. Y contestó bajando la vista “Si amo, estoy muy segura de mi deseo de convertirme en tu esclava” Me levanté del sofá para observarla, le ordené poner las manos en la nuca, y separar las piernas. Me acerqué a ella, llevé mi mano a su pubis y tirando de los pelos que lo adornaban le dije que no me gustaba que mis esclavas tuvieran vello en su zona genital ni anal. Dio un pequeño grito, al sentir el tirón en su pubis, lo cual le costó un cachete en su cara. “Nadie te ha dado permiso para hablar” le dije. Luego le ordené arrodillarse y besarme los zapatos, lo cual hizo inmediatamente. Le ordené levantarse y que sirviera la cena.
Cuando fue a sentarse, le dije que las perras como ella cenaban en el suelo, que me sirviera la cena a mí y que ella comiera como la perra que era. Sin decir palabra me sirvió la cena y luego se sirvió ella dejando su plato en el suelo y empezando a comer como una perra. Cuando terminamos de cenar, le dije que se lamiera los restos que había alrededor de su boca. Luego con la servilleta terminé de limpiarle la cara. Me quité el cinturón y pasándoselo por su cuello, como si fuera una correa de perro la llevé hasta el sofá, allí me serví una copa y la acomodé a mis pies. Le ordené que me quitara los zapatos y calcetines y que me lamiera los pies. Se apresuró a cumplir mi orden, y pude sentir su boca besando los dedos de mis pies y su lengua entre ellos. Al cabo de un tiempo le ordené que dejara de besarme los pies, y le ordené apoyar su cabeza en el suelo y que me mostrara su culo. Llevo las manos a sus nalgas separándolas para que pudiera observar bien su ano. Pude ver que tenía algunos pelos. Me levanté y saqué el cinturón de su cuello y lo doble por la mitad, luego le recordé que no debía tener pelo ni en su zona genital ni anal, y para que lo recordara mejor le di 50 azotes en su culo, el cual tomó un bonito color rojo. Luego le acaricié el culito, preguntándole si había sido sodomizada alguna vez, me respondió que nunca la habían penetrado por el culo. Le contesté que eso lo solucionaríamos en un corto período de tiempo. Pasé mis dedos por su coñito, el cual estaba bastante mojado. Acaricié su clítoris, que estaba hinchado y un gemido de placer salió de su boca. Inmediatamente llevé una mano a sus pechos y le retorcí un pezón, volvió a gemir. Le ordené colocarse de rodillas en el sofá y que me comiera la polla, empezó a mamarla con delicadeza, mientras yo jugaba con su coñito, presionando su clítoris, podía ver como cada vez estaba más excitada. Pasaba la lengua por el tronco de mi polla y luego se la metía toda en su boca, me estaba haciendo la mejor felación que pudiera recordar desde hacía tiempo. Paró de mamármela y me pidió que la penetrara, a lo cual mi respuesta fue negativa. “Hoy no voy a follarte perra, deberás ganarte el derecho a correrte y de momento no lo has hecho” le contesté.
Tomé su pelo y la obligué a seguir comiéndome la polla, cuando noté que me iba a correr, tiré de su pelo y me corrí en su cara. Algunas gotas cayeron al suelo, las cuales tuvo que lamer y limpiar con su lengua. Luego la llevé a la cama, con dos pañuelos até sus manos y pies, para que no pudiera tocarse, y le dije. “Esto es lo que te espera como mi esclava, piensa que acabas de empezar ¿Estas dispuesta a seguir?” “Si amo, quiero seguir con toda mi alma”, “Bien pues ahora debes descansar y dormir, mañana seguiremos con tu adiestramiento”. Al despertarnos a la mañana siguiente, le ordené que fuera a ducharse y que una vez duchada volviera a la habitación. Pude oír como corría el agua, al cabo de un rato apareció ante mí, su pubis lucía sin un solo pelo, al igual que su culo. Me miró y separando sus piernas y sonriendo preguntó “¿Es así como le gusta a mi amo?” La miré y luego sonriendo la tomé por la barbilla para besarla en la boca, su lengua buscó la mía y ambas se enredaron entre ellas. Luego la ordené que se colocara en posición para recibir los azotes matutinos, 25 en cada nalga, los cuales irían aumentando con el paso de los días. Una vez azotada y sin moverse le ordené que separara sus nalgas, pues quería estrenar su culo. Pareció durar unos segundos, pero obedeció y llevando sus manos a sus nalgas separó estas ofreciéndome su culito. Primero acaricié su ano con la punta de mis dedos, para luego poco a poco presionar y empezar a meter un dedo en él, lo fui metiendo muy despacio, pero hasta el fondo.
Luego empecé un lento mete y saca para que su culo se fuera dilatando. Empezó a gemir, con lo cual se ganó un azote, una vez el culo quedó algo dilatado, apoyé la cabeza de mi polla en su entrada y presionando empecé a meterla dentro, pude notar su resistencia, le dije que se relajara, me hizo caso, mis dedos jugaban con su coño, acariciándolo y buscando su clítoris, poco a poco fue entrando, hasta tenerla toda dentro, le pregunté como se sentía y me respondió que bien. Empecé a bombear dentro y fuera, primero despacio, para poco a poco ir aumentando el ritmo, a cada empujón podía sentir como su excitación aumentaba, hasta el punto que empezó ella a moverse. Las caricias en su coño aumentaron, le dije que esta vez tenía permiso para correrse, y solo escucharlo pude notar como su culo se contraía y estallaba en un orgasmo, dejando mis dedos empapados por sus jugos, al correrse ella explote en su interior. Esperé un poco a que se recuperara, pues estábamos los dos muy sudados, luego saqué mi polla de su culo, sin decirle nada ella se dio la vuelta y llevó su boca a mi polla, mamándola y lamiéndola hasta dejarla completamente reluciente. Luego nos duchamos los dos y desayunamos, ella permanecía desnuda esperando que le dijera como debía vestirse. Le dije que se pusiera la falda más corta que tuviera y una blusa semitransparente y se calzara unas sandalias de tacón. Mientras se vestía llamé a una domina amiga, la cual regentaba un club sado y alquilaba sus instalaciones a amigos, cuando el club estaba vacío. Le pregunté si podía prepararme una ceremonia de entrega, aceptación y firma de contrato de esclavitud, me preguntó que para cuando la quería y le dije que lo antes posible, me dijo que podía ser esa misma tarde, pues tenía el club cerrado por reformas, que me esperaba a las 17 horas y que ella ponía los testigos, una pareja de esclavos, me comentó que podía mandarle a la candidata un poco antes para que fuera convenientemente preparada, le dije que de acuerdo y quedamos para la tarde.
Susana apareció ante mí vestida tal y como se le había ordenado se quedó de pie con la mirada baja esperando instrucciones, la miré y comprobé que me había obedecido, me acerqué a ella y desabotoné un par de botones de su blusa, con el fin de que se vieran un poco sus pechos, “así está mejor ¿No crees? “Si Amo” respondió. Le dije como habíamos quedado con la domina y que ahora iríamos de compras, me miró extrañada, pero no dijo nada. Le dije que llamara a un taxi pues iríamos al centro y era mucho más cómodo. Antes de entrar en el taxi, le dije que se debía sentar teniendo el culo directamente apoyado en la tapicería, me miró sorprendida, enrojeció, pero al ir a sentarse levantó ligeramente la parte trasera de su falda apoyando el culo en la tapicería del taxi. Luego le dije que debía tener las piernas separadas para que el taxista pudiera ver por el retrovisor su coñito. Pude ver como este miraba de reojo las piernas de Susana. Viajamos en silencio hasta el centro de la ciudad, el taxista paró delante de la dirección que le habíamos dado, le dije a Susana que pagara la carrera y que se inclinara un poco para permitir que el taxista pudiera ver sus pechos. Con la cara roja por la vergüenza cumplió mis órdenes. Al salir del taxi le dije que ya que era como una perra en celo, todas las perras debían tener su collar, que entrada en la tienda, de venta de animales y complementos para estos, pidiera un collar para perros, se lo probara diciendo que su perro tenía el mismo contorno de cuello que ella, que luego lo dejara caer al suelo como en un descuido, que se agachara a recogerlo, pero sin doblar las piernas, para que la gente de la tienda pudiera ver su culo y que lo comprara, yo la esperaría fuera. Entró en la tienda y a través de los cristales pude ver como llevaba a cabo mis órdenes. Salió sonriendo de la tienda y tomándome del brazo me comentó que estaba muy excitada debido a la situación. Paseando nos dirigimos a la parte vieja de la ciudad, entramos en un sex-shop, especializado en sado, para comprar los complementos que Susana iba a necesitar, pues me gusta que mis esclavas tengan cada una sus juguetes.
Dimos una vuelta por la tienda pudiendo ver los distintos juguetes y complementos. Pedimos que nos enseñaran distintos tipos de látigos, fustas y paletas, escogí un par de látigos, uno de siete colas y otro más fino, una fusta y una paleta. Luego pedimos que nos mostraran pinzas para pezones y labios vaginales, compramos distintos modelos de ellas y unas con unas campanitas. Le dije a la chica que nos atendía que nos mostrara distintos plug, para ir dilatando el culo, pues mi esclava debía acostumbrarse poco a poco a tener el culo penetrado, nos mostró una buena colección y nos recomendó que nos quedáramos de distintos tamaños para poco a poco ir acostumbrando el culo. Susana estaba roja como un tomate, pero pude observar que tenía los pezones erectos debido a la excitación. Luego compramos unos vibradores, bolas chinas, tanga de castigo, esposas, muñequeras y tobilleras, un collar con argollas para inmovilizar las manos y correa incorporada, un par de mordazas, así como distintos complementos de vestir y unos zapatos con un tacón de 17 cm. Conforme escogíamos, la dependienta nos describía para que servía cada uno de los objetos, lo hacía mirando y sonriendo a Susana, la cual asentía en silencio. Salimos con nuestras compras y nos dirigimos a otra tienda a comprar velas. Allí le dije a Susana que debía escoger unas cuantas velas y que pensara en todo momento lo que haríamos con ellas. Luego nos fuimos a casa, donde solo entrar Susana se quitó la ropa y quedó desnuda como era su obligación. Le dije que se acercara y separara sus piernas, pasé la mano por su coño y pude ver que estaba completamente mojada. La acaricié un poco para que aumentara su excitación y cuando noté que estaba bien excitada dejé de tocarla, le ordené preparar la comida y le permití sentarse a comer en la mesa. Al terminar de comer le dije que tomara un taxi y se dirigiera al club donde iba a tener lugar la ceremonia. Me preguntó si no iba con ella, y le dije que yo iría más tarde, pues a ella debían prepararla para la ceremonia.
Al llegar al club fue recibida por la domina y su pareja de esclavos, la domina ordenó a estos que la prepararan para la ceremonia. La esclava la tomó de la mano y le dijo que estuviera relajada, luego la llevaron a una habitación donde la desnudaron, le pusieron un enema para dejar bien limpio su culo, luego la lavaron, perfumaron y maquillaron. Susana se dejaba hacer en silencio observando los cuerpos de la pareja de esclavos, los dos llevaban un grueso collar de cuero y estaban anillados, el esclavo sus pezones y la esclava sus pezones, labios vaginales y clítoris. Estaban completamente depilados y tenían tatuado en su pubis la marca de su Ama, Las anillas de sus pezones estaban unidas con una fina cadena, parecían muy felices con su condición. Una vez lavada, perfumada y maquillada, le entregaron una corta túnica blanca la cual pasaron por su cabeza, dicha túnica estaba formada por dos partes de tela abierta dejando los laterales descubiertos, le ciñeron un cinturón formado por un grueso cordón blanco. Luego dieron un papel en el cual estaba escrito el credo de la esclava, y las instrucciones para la ceremonia. La llevaron a la sala donde tendría lugar la ceremonia y la dejaron sola. Susana se quedó memorizando las instrucciones y el credo de sumisión. Yo había llegado hacía rato y estábamos esperando a que fuera la hora tomando café con mi amiga la domina Entraron la pareja de esclavos se arrodillaron ante nosotros y esperaron a que su Ama tuviera a bien permitirle hablar. Mi amiga miró el reloj y los ignoró siguiendo hablando conmigo. Al cabo de un rato le dio permiso para hablar al esclavo, el cual nos comunicó que todo estaba listo para empezar. Mi amiga observó que el esclavo presentaba una erección, le ordenó ponerse de pie y le preguntó muy enojada que quien le había permitido tener una erección, el esclavo pidió perdón a su ama, esta ordenó a la esclava que le diera una fusta, y mirando a su esclavo le preguntó si estaba excitado y tenía ganas de correrse, este dijo que estaba muy excitado por la situación, pero que no tenia permiso para correrse. El ama le preguntó si deseaba hacerlo y él respondió que solo si su ama se lo permitía. Mi amiga golpeó con la fusta la polla del esclavo y le negó el permiso.
Luego tomó dos correas las cuales colocó en los collares de la pareja de esclavos y nos dirigimos a la sala donde iba a tener lugar la ceremonia. La sala solo estaba iluminada por la luz de las velas, en unos de los lados había una cama con argollas en sus lados, al otro lado un trapecio, una cruz de San Andrés y un banco para atar a los esclavos. Había una mesa en la cual estaban puestos los distintos juguetes y complementos necesarios así como el contrato de esclavitud. Susana estaba de rodillas con la frente en el suelo en el centro de la sala. Al entrar me besó los pies, luego besó los de mi amiga el ama. Y volvió a su posición inicial. Los dos esclavos se colocaron a su lado. Empezó la ceremonia y Susana recitó de memoria el credo de sumisión, luego le pregunté si había venido libre y voluntariamente, a lo cual respondió que si, y que si estaba dispuesta a entregarse en cuerpo y mente a mí, volvió a responder que sí. Si entendía que a partir del momento en que se firmara el contrato su cuerpo y mente me pertenecerían por completo y que podría hacer con ella lo que quisiera, volvió a responder que si y que nada la hacía más feliz que firmar el contrato de esclavitud y entregarse y someterse a mi. Le ordené que se incorporara y los esclavos le quitaron la túnica dejándola completamente desnuda y expuesta a nuestras miradas. Luego le dieron el contrato el cual leyó en voz alta, y luego lo firmó, tomando el nombre de Cerda. Una vez hubo firmado el contrato este fue firmado por los esclavos y mi amiga como testigos. Luego tomé el collar que habíamos comprado por la mañana y se lo coloqué en su cuello, los esclavos la ayudaron a ponerse de pie, y rotularon en su pubis CSPAJ (Cerda Susana propiedad de amo Jordi) Le dije que siempre debería llevar mis iniciales rotuladas y que una vez pasado el período de prueba podría ser marcada o tatuada de forma definitiva.
Luego le colocaron una pulsera en forma de cadena en su tobillo, se le dijo que también debería llevarla siempre pues era signo de su condición de esclava, se le colocó un anillo en el dedo central de su pie derecho el cual también debería llevar siempre. Luego le colocaron las muñequeras y tobilleras y la llevaron a la cruz de san Andrés donde la colocaron con las piernas y brazos separados y la inmovilizaron dejando de espaldas, dejándola preparada para recibir los azotes correspondientes, le pusieron una mordaza de bola en la boca y me dieron el látigo de 7 colas. Le di 25 azotes en su espalda, nalgas y piernas, luego mi amiga le dio 25 más y los esclavos otros tantos cada uno. Aguantó perfectamente los azotes. Una vez azotada se la llevó al banco y se le dijo que se inclinara sobre él, se les ataron las piernas y manos a las patas del banco. La esclava tomó el plug más delgado que había, el esclavo separó las nalgas de Susana y muy despacio primero la penetró el culo con un dedo, luego con dos, dando vueltas en su interior mientras el esclavo separa fuertemente sus nalgas, para el final meterle el plug en su culo. Susana podía sentir como el culo se abría despacio al serle introducido el plug. Después la desató y se la llevó a la cama allí la inmovilizaron boca arriba, y mientras la esclava procedía a lamerle el coño e introducir su lengua en él, el esclavo le lamía los pezones. Cuando observamos que su excitación había llegado a su punto máximo dejaron de lamerla y se le colocaron unas pinzas en los pezones y unas bolas chinas en el interior de su coño. Luego los esclavos se retiraron con su Ama, yo le quité un momento la mordaza la besé, volví a colocarle la mordaza, y apagando las velas la dejé sola para que fuera asumiendo su nueva condición de esclava. Pasados 30 minutos volví a la sala, Susana estaba en silencio, encendí la luz y vi que estaba muy sudada. Me acerqué a ella, le quité la mordaza de la boca, le pregunté como estaba y con una sonrisa me respondió que dolorida, pero muy excitada.
Lentamente le quité las bolas chinas de su coñito, acariciando su clítoris, un gemido de placer salió de su boca, Le quité las pinzas de sus pezones el gemido esta vez fue de dolor, luego le masajee y apreté bien los pezones para que el dolor se mitigara. La desenganché de las argollas que inmovilizaban sus pies y manos, y le dije que se sentara en la cama, lo hizo y una mueca se dibujo en su cara, le pregunté que pasaba y me dijo que el plug la molestaba un poco, le dije que debía llevarlo para que su culo se fuera dilatando poco a poco. Sonrío y dirigió su mirada a la altura de mi polla. Luego me miró a los ojos y asentí. Me desabotonó los pantalones me los bajó y también el bóxer, acercó su cara a mi polla, la tomó con sus manos y la llevó a su boca, empezó a chuparla, lamerla se la metía hasta el fondo para luego sacarla y pasar su lengua por la cabeza de mi polla. Cuando estuvo completamente erecta, me senté en la cama y ella lo hizo encima de mí, muy despacio empezó a meter mi polla en su coñito, y luego empezó a cabalgarme, lentamente en un principio para aumentar el ritmo paulatinamente. Me dijo, “Amo no podré aguantar más sin correrme permíteme hacerlo por favor”, le dije que podía hacerlo y su coño se contrajo en espasmos estallando en un orgasmo mientras mis dientes mordían sus pezones y otro orgasmo recorría su cuerpo desde los pies a la cabeza, yo estallé en su interior y ella se abrazó fuertemente a mi. Me limpió la polla con su boca, le ordené que lo recogiera todo y le di una chaqueta para que cubriera su desnudo cuerpo, luego se calzó los zapatos de 17 cm. de tacón, Tomé la correa de su collar y tirando de ella fuimos a despedirnos de mi amiga la domina y sus esclavos. Se arrodilló ante la domina y le dio las gracias por estar presente en la ceremonia luego le besó los pies. Luego nos dirigimos en mi coche a casa. Antes de entrar al garaje le ordené bajarse y le dije que me esperara en la puerta de la casa, entendió rápidamente lo que quería, se quitó la chaqueta y desnuda corrió por el jardín hasta la puerta de la casa.
La hice esperar un poco de tiempo, ya que yo entré en la casa por el garaje, al abrir la puerta estaba de rodillas ante mí esperando, tiré de la correa y la metí en casa. Una vez dentro se quejó de que le dolían los pies debido a los zapatos, dicha queja le costo 50 azotes en todo su cuerpo. Luego tomé las pinzas de las cuales pendían unas campanillas y se las coloqué en los pezones, advirtiéndole que debía hacerlas sonar al andar. Luego le ordené que me mostrara su culo, se arrodilló separó sus nalgas y pude ver el plug bien clavado en su culo, muy despacio se lo fui sacando mientras ella gemía, le ordené silencio, luego tome un plug algo más grueso y procedí a introducírselo en el culo, indicándole que debía llevarlo hasta que decidiera encularla por segunda vez. Luego la llevé hasta la habitación mientras ella hacía sonar las campanitas, y le dije que descansara pues el día había sido duro y que más tarde seguiríamos con su adiestramiento, le quité las campanitas de los pezones y la dejé descansando, antes de salir de la habitación me dio las gracias por haberla aceptado y me dijo que era inmensamente feliz. Durante seis meses siguió su adiestramiento y aprendizaje, fue exhibida, azotada, castigada, sodomizada, penetrada por todos sus agujeros, probó la caricia de la cera por todo su cuerpo, etc. Pasado los seis meses me pidió ser anillada en pezones y coño y tatuada con mis iniciales, a lo cual accedí.
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