Xxx en el cibercafé

Relato enviado por Senso22

La verdad es que nunca pensé que podría estar escribiendo a esta página. Yo soy un adolescente de 18 años recién cumplidos al que le picó las curiosidad de leer historias eróticas, y como acabaron gustándome, decidí escribir yo, así de paso que satisfago mis fantasías y no tan fantasías ( ya que he vivido muchas extrañas y peculiares situaciones) también practico una gran afición mía que es escribir.


Sin más preámbulos, me presento, me llamo Lucio ( no es mi verdadero nombre ), mido 1?80 ( espero crecer más) y soy de pelo castaño y ojos verdes. También hay que decir que soy un chico guapo de cuerpo atlético y rostro agraciado, pero eso no es lo que siempre me ha dado suerte con las chicas, yo diría que en vez de eso ha sido mi carácter y mi opinión acerca de ellas. A mi me gustan mucho las chicas y más todavía las mujeres, se podría decir que incluso las adoro y admiro. Yo soy alegre y simpático con mis amigos, extrovertido y más o menos culto, pero también soy un poco meditativo y de pensamiento "artista" cosa que parece atraer mucho a las damas. No quiero aburrirles así que empezaré a relatarles mi historia que a parte que fue fantasía mía también resultó convertirse en realidad ( todo es posible amigos).


Me sucedió el mes pasado, el Junio. Yo acababa de terminar el instituto y como buen adolescente necesitaba dinero. Entonces decidí que podía trabajar unas semanitas en el nuevo ciber-café que habían abierto en mi pueblo, este era un café que estaba conectado a un ciber.

El trabajo prometía ser interesante, yo tenía que ayudar en el ciber añadiendo dinero a las cuentas de los usuarios y controlar el mantenimiento de los ordenadores. Además a parte del sueldo tenía derecho a pedir bebidas gratis y utilizar el ordenador libremente.

Así estuve trabajando en silencio unos días, yo ya me había fijado en las camareras del café y a excepción de una ninguna me llamaba particularmente la atención. Era una chica de 18 años que como yo se sacaba algo de dinero trabajando allí. Se llamaba Clara, y era una chica más bien baja y delgada. Tenía el pelo moreno y liso casi siempre recogido en un moño y unos ojos azules muy llamativos. Su cuerpo era espectacular. Tenía unos pechos extraordinariamente grandes y bien "colocados" que contrastaban con su figura fina y delgada. Su culo pequeñito y prieto y de formas redondas era para mi el objetivo de infinitas miradas. Había sin embargo otras cosas que me gustaban mucho de ella, una eran sus manos, tan delicadas y finas, con esas uñas ovaladas tan perfectas y cuidadas que parecían las de un anuncio de cremas. Otra era sin duda su elegancia, la forma de caminar o de sentarse cruzando las piernas, o las muecas y gestos que hacía para manifestarse.

Yo no la conocía mucho, tan solo había intercambiado unas cuantas palabras de cortesía con ella, pero me había dado cuenta de que compartíamos pensamientos en común.


Una de tantas noches en las que me quedaba hasta las 2 trabajando ( por obligación laboral, ya que a aquellas horas había poca gente en mi pueblo que gustase de ir a un ciber-café ), coincidimos en el turno y solo nos quedamos los dos.

La observé un rato y me di cuenta de que estaba sola y aburrida sentada en un taburete, y como yo también estaba en situación parecida me dirigí a ella.


Veo que estas aburrida, ¿te importa si me siento junto a ti?

Ella se quedó un poco desconcertada, pero al cabo de un instante asintió alegremente con la cabeza.

Al principio nos quedamos en un largo e incomodo silencio, yo estaba pensando en donde podía llegar a parar esa situación, me imaginaba a nosotros dos tumbados sobre una mesa mientras yo acariciaba su piel con mis labios, entonces desperté de mi fantasía y me di cuenta de que ella me estaba mirando, yo la miraba, pero ella parecía estar pensando y no se daba cuenta, entonces con un acto de valentía cogí su adorable mano con la mía despertándola de su sueño, ella se quedó sorprendida y su mirada se quedó clavada en nuestras manos. Yo se la acariciaba y masajeaba mientras observaba como su cara se llenaba de tranquilidad y relax. Entonces acaricié su rostro con mi otra mano y su mirada fue a mis ojos. Nos miramos intensamente durante un rato, hasta que ella fue acercando sus labios entreabiertos a los míos, Cerramos los ojos y nos besamos. Al principio fue dulce y lento, nos besamos mientras nos acariciábamos las caras y las manos, luego subí mis besos a su oreja, le besaba y succionaba el lóbulo excitándola y haciendo que se mordiera el labio inferior. Notaba en mi cuello como su respiración se iba acelerando poco a poco y más todavía al bajar al cuello. Allí le hice un pequeño chupetón mientras ella se agarraba a mi cuello y yo acariciaba sus piernas. Luego bajé hasta su clavícula, luego sus hombros y luego sus pechos mientras mis manos tocaban y acariciaban su culo y sus piernas. Ella misma se desabrochó la blusa y se soltó la melena nerviosamente mientras yo, en pie junto a ella que permanecía sentada en el taburete la acariciaba con mis labios.

Mis besos y caricias la excitaron mucho, y su excitación me excitó a mi. Poco a poco le fui desabrochando el sujetador hasta que al fin sus grandes y bonitos pechos quedaron desnudos ante mis ojos acariciados por los finos pelos de su oscura cabellera, entonces no pude contenerme y empecé a amasarlos con mis manos mientras mi lengua y mis labios los acariciaban lo mejor que sabían. El sabor de su piel me gustaba mucho y mis caricias y mimos habían despertado un pequeño gemido en ella. Sus piernas se había abierto a mi y me apresaban y sus manos se agarraban ahora firmes y fuertes a mi camiseta y poco a poco me la fue quitando. Luego llevó sus manos a tientas hasta mi bragueta y durante largo tiempo acarició el bulto de mi pene que iba erectandose cada vez más.

Al cabo de unos minutos de caricias ella me desabrochó la bragueta e introduciendo su mano dentro sacó mi pene de ella, no sin gran esfuerzo ya que la erección lo dificultaba. Clara, que cogía mi pene con fuerza, empezó a masturbarme lentamente mientras mis labios y mi ardiente lengua no paraban de hacerla disfrutar besando y acariciando desde sus pechos hasta sus labios y sus hombros.

Los dos estábamos muy excitados y respirábamos ansiosamente, yo deslicé mis manos hasta su cadera y las fui introduciendo por dentro de su pequeña falda hasta dar a parar cos su vagina, la acaricié un poquito y ella se estremeció, entonces la aparté e introduje un dedo dentro de ella, estaba húmeda y cálida y el placer era ahora muy visible en sus cejas y sus labios. Al cabo de varios minutos de placer y verdadero disfrute ella retiró mis manos y condujo mi pene hasta su vagina, tanteó un rato rozando mi glande contra sus labios hasta que este pudo caber un poco, entonces fui empujando lentamente. Los dos nos estremecíamos mientras iba introduciendo mi pene lentamente en ella. Cuando ella me dijo que no se lo metiera más yo paré y empecé a sacarlo lentamente, luego volví a metérselo, el tacto de su piel contra mi pene me enloquecía y me hacía muy difícil contenerme.

La penetré muy lentamente varias veces hasta que su vagina se adaptó al tamaño de mi pene y luego empecé a hacerlo más rápidamente, ella se agarraba a mis hombros y mis espalda, y yo lo hacía a su culo y sus caderas mientras lamía y chupaba sus grandes pechos notando como su cabeza reposaba en mi hombro.

Mis penetraciones eran cada vez más fuertes y ella me rodeó con sus piernas. Nos apretábamos el uno al otro tanto como podíamos mientras ella gemía. Sus grandes pechos se balanceaban al ritmo de mis penetraciones y su pelo bailaba sobre mi espalda, de vez en cuando ella me clavaba un poco las uñas en la espalda y yo ahogaba el dolor penetrándola más fuerte. Al cabo de unos minutos las penetraciones eran tan fuertes que yo tenía que aguantarla para no tirarla al suelo. Ella de pronto se impulsó apoyada sobre mi y me hizo recular con ella a cuestas, yo la sujeté por las nalgas y la continué penetrando ayudándome de mis manos para levantarla y dejarla caer sobre mi pene acentuando así la vigorosidad de las penetraciones. Ella se agarraba fuerte a mi y yo empecé a penetrarla a un ritmo frenético que casi me impedía respirar. Era tan fuerte y placentero que clara empezó a gemir a gritos mientras yo me concentraba en no perder el ritmo. Estuvimos así unos minutos hasta que ella empezó a morderse el labio de placer y gusto, estaba teniendo un gran orgasmo, que gracias a mi ritmo continuó si acabar, entonces ella clavó todas sus uñas en mi espalda y se apretó con todas sus fuerzas a mi para soportar el placer, era demasiado placer durante demasiado tiempo y ya no podía soportarlo, pero yo no paré hasta que ella chilló mientras la dejaba en una mesa y eyaculaba sobre sus pechos, estaba exhausta y casi se desmayó, yo en cambió perdí las fuerzas y casi me caigo. Clara reposaba sobre la mesa gimiendo indescifrables palabras mientras se revolvía lentamente sobre si. Me acerqué a ella y la cogí en brazos, ella me pasó los brazos por el cuello y nos besamos un rato, luego la dejé sobre un sofá y yo me tumbé a descansar en otro. A los pocos segundos ella se levantó y se vino conmigo. Nos quedamos abrazados un rato mirándonos a los ojos, ella estaba avergonzada pero mis caricias la tranquilizaron.

Estuvimos así hablando y haciéndonos mimos hasta que fue la hora de cerrar, entonces nos vestimos y ella me llevó en coche hasta mi casa.


Estuvimos saliendo juntos y practicando buen sexo hasta hace pocos días, al final no resultó. Cosas que pasan.

Pero el otro día me llamó y tuvimos un encuentro puramente sexual, hemos acordado tenerlos siempre que queramos.

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