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Relato
enviado por
Ramona
Vivo con mi madre pero me he comprado una casa con mi novia que trabaja
en mi ciudad pero es nacida en otro sitio. Como estaba pagando un
alquiler, nos metimos en una vivienda para que ese dinero, a la larga
repercutiera en nuestro futuro.
Lo cierto es que vivo entre dos aguas porque hay días que me apetece y
me quedo a dormir con ella. Mi madre lo asume y lo entiende –estaría
bueno a mis 30 años- y ella, que añora mucho a su familia por la
lejanía, agradece que algunos días de la semana me quede a dormir con
ella.
Tengo las llaves de la vivienda, como es lógico, y todas las noches
cenamos juntos después del trabajo, nos comemos un bocata, vemos una
peli y a dormir, pero a medida que van pasando los días, cada vez hago
más vida en la otra casa. Me he comprado una bicicleta y la tengo allí
guardada, por lo que cuando la uso me resulta más fácil ducharme y
cambiarme allí que tener que volver a casa de mi madre todo sudado, por
lo que también me he llevado ropa aunque no mucha.
Los días que hay fútbol también decido verlo allí y los días que
descanso por la tarde voy a hacer cosillas mientras ella está
trabajando.
Bueno, a lo que íbamos. Una tarde estuve pintando la terraza en la que
he puesto una barbacoa. La verdad es que es la primera vez que pinto y,
sinceramente, acabé reventado, por lo que cuando terminé, me di una
ducha, me abría una lata de cerveza y caí rendido en el sofá hasta
dormirme con la tele puesta. Lo siguiente que recuerdo es que tuve la
mejor corrida de mi vida.
Ella llegó del trabajo, es una chica de 26 años, 1’65, con una 95 de
pechos, un buen trasero con las caderas anchitas y unos ojos verdes
impresionantes que resaltan sobre su pelo largo, negro y rizado. Decía,
que me quedé dormido pero tuve el mejor despertar de mi vida. En mi
subconsciente y entre sueños, notaba que estaba totalmente empalmado,
por lo que me acaricié. Llegaba a dolerme y abrí algo los ojos para
apagar la tele. Al cabo de un buen rato volví a tener el sueño de que
una mujer me abría la bragueta del pantalón y sacaba mi falo que estaba
a punto de reventar para metérselo en la boca y comenzar a sorber mi
húmeda polla hasta hacerme una felación en toda regla. El sueño era tan
excitante que no quería despertar, pero lo hice. Y tuve que hacerlo
porque, sin querer, mientras dormía y con mis propios tocamientos, me
desabroché la bragueta y dejé mis huevos y mi polla fuera del pantalón
y eso fue lo primero que se encontró mi novia al llegar a casa.
Ella es periodista y tiene línea ADSL en su ordenador, por lo que tiene
fácil bajar videos amateur porno y venía muy caliente del trabajo, por
lo que no lo dudó y comenzó a mamarme la polla mientras dormía. Como os
decía desperté, pero lo hice en el momento de eyacular en su boca.
Creía que era un sueño pero no, era una realidad. Ella estaba ahí, de
rodillas ante el sillón, con un botón de la camisa desabrochado y una
teta fuera, manoseándose el pezón y sorbiendo mi falo erecto. No tuve
tiempo de nada, sólo de decirle que me corría para que se apartara, a
lo que ella, sin despegar la boca de mi polla, hizo un movimiento con
la cabeza como de que “no importa”. Me corrí como nunca lo había
hecho. Le llene la boca de semen y ella seguía con su movimiento arriba
y abajo succionando mi polla hasta que comenzó a chorrearle la leche
por la comisura de los labios.
Entonces se apartó, se bebió todo y con sus dedos metió en la boca todo
lo que se le había derramado.
Me dijo que venía con ganas de follarme y que cuando me vio así no lo
pudo resistir, por lo que, sin mediar palabra, le desabroché el
pantalón y metí la mano dentro de sus braguitas hasta tocar un coño
totalmente mojado. Estaba chorreando y palpitaba como nunca. La recosté
en el sofá y comencé a lamerlo lentamente hasta que me dijo que lo
hiciera más rápido. Ella se retorcía y yo no despegaba la lengua de su
coño. Tenía el clítoris super hinchado y con sus dos manos me apretaba
con fuerza hacia abajo. Cuando más gemía, y sin separar la lengua de su
clítoris, le metí el dedo índice en el coño. Eso bastó para que se
corriera como las bacas. Echó un chorro como si estuviera orinando pero
de un líquido viscoso. Fue un orgasmo espectacular que me había llenado
toda la cara una boca de su jugo.
La cosa no quedó ahí porque, sin penetración, nos habíamos corrido de
una manera impresionante, por lo que dejamos el salón y nos fuimos al
dormitorio a ducharnos juntos y a volver a empezar, pero esta vez a
follar como locos.
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